Agorafobia

No me extraña que la gente no confí­e en la polí­tica y piense que los polí­ticos tienen (tenemos) mucho de trileros; cada dí­a que pasa hay un motivo para creerlo y, lo que es peor, seguimos dando la sensación de que tomamos al pueblo por inocente.

El gobierno local no quiere que Dos Hermanas se acoja a la futura Ley de Grandes Ciudades de Andalucí­a. Toscano dijo que “tení­a serias dudas de que esta ley fuera buena” para nuestra localidad, y el portavoz socialista dice que no merece la pena “si no aporta algo que no tengamos ya”. Lo dicen como si se estuvieran refiriendo a “buena para los ciudadanos” y “aporte algo que no tengan ya los ciudadanos”; pero en realidad no se refieren a los ciudadanos, sino a ellos mismos.

La Ley de Grandes Ciudades es una ley corta, pero en Dos Hermanas se queda larga, de ahí­ el miedo que tienen nuestros gobernantes a que se aplique aquí­. Para empezar, darí­a nuevos mimbres para acabar con el poder todopoderoso (valga la redundancia) de los titulares las concejalí­as respecto al pueblo. Si existieran distritos, si se incrementara la participación de los ciudadanos en la gestión y control del ayuntamiento, si tuviéramos un Defensor del Pueblo local, si se creara un Consejo Social de la Ciudad, etc., como recoge esta ley y se aplica en muchos municipios de izquierdas (la mayorí­a socialistas, por cierto), estarí­amos quitando a nuestros gobernantes parte del mango de la sartén: he aquí­ el gran problema.

En esta gran ciudad llevamos muchos lustros acostumbrados a hacer polí­tica al estilo “porque yo lo valgo”. Renuevas votos vez cada cuatro años y con eso ya te crees el rey del mambo, con facultades para dar y quitar, poner y destituir a dedo, regalar y subvencionar, pasear con amigos que te doren la pí­ldora, evitar los dolores de cabeza que producen enfrentarse a las quejas cara a cara y en público»¦ Salvo en épocas electorales, sufren agorafobia social. Por eso no es de extrañar que recelen de una ley con origen en una norma estatal llamada “modernización del gobierno local”. Consideran que eso de modernización es una pendejada que nada tiene que ver con el actual método paternalista que, si les funciona bien desde los años del golpe de Tejero, para qué cambiarlo.

Y lo más gracioso de todo es que no sólo les importa un bledo que haya una ley que mejorarí­a la democracia de este pueblo (que para eso está y fue creada); lo peor es que, encima, va Agustí­n Morón y dice una de sus frases dignas de premio Nobel: “muchas de las actuaciones que recoge esa ley ya la estamos aplicando en Dos Hermanas”. Estupendo, magní­fico, genial, una perversión del lenguaje tí­pica de quienes pasean en polí­tica con apisonadoras. Pues bien, si eso es así­, si la ley ya la están aplicando ¿cuál es el problema? Si ya la llevamos la práctica, nada más sencillo: en cuanto salga la ley, nos apuntamos al carro y listo.

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