Torre del Olivar: rehabilitar, no derribar

En Izquierda Unida consideramos que la demolición de parte del entorno de la Torre del Olivar es el último coletazo de un modo de entender la ciudad basado en la “política de derribos y obra nueva” que será conocida como “marca Toscano” en la Historia de nuestra ciudad.

El Plan de Ordenación Urbana de Toscano, aprobado a principios de este siglo, planteaba una nueva ciudad donde el casco histórico se quedase sin identidad, donde el centro de Dos Hermanas se trasladase a Entrenúcleos, donde ‘la cultura del hipódromo’ sustituyese a ‘la cultura de las haciendas’… una ciudad que borrase en 30 años todo su patrimonio histórico en aras de una supuesta modernidad, impulsada por la especulación y la política del ladrillo de periodos pasados.

En este sentido, para el caso de la Torre del Olivar y su entorno, no debemos olvidar que la intención inicial de Toscano de alinear la calle Real Utrera, ya planteada a finales de la década de los noventa, incluía también el derribo de la torre, algo descabellado que, por suerte, fue desechado más tarde. En Izquierda Unida siempre nos pusimos del lado de la conservación patrimonial y presentamos iniciativas en los plenos para evitarlo, además de proponer alternativas a ese modelo de urbanismo donde un tiralíneas es capaz de decretar el fin de la memoria histórica de una ciudad.

Frente a esa política urbanística de los últimos 30 años, Izquierda Unida siempre ha propuesto la rehabilitación de los edificios deteriorados que pudieran formar parte de nuestro patrimonio histórico.

El Programa de Gobierno de Izquierda Unida proponía la creación de la Casa-Museo Fernán Caballero en la Torre del Olivar, que podría ser utilizada también como Oficina Municipal de Turismo, al mismo tiempo que favorecería el conocimiento de las artes y costumbres populares y sería el centro neurálgico-motor de la actividad turística de Dos Hermanas. La propuesta, incorporada al programa electoral a raíz de diversas iniciativas ciudadanas, se enmarcaba en la puesta en valor de un catálogo de bienes de especial interés para nuestra ciudad, tanto públicos como privados, para los que se desarrollaría una Ordenanza que regulará su protección. Nuestra propuesta incluía la peatonalización de ese tramo de la calle Real Utrera, desde el cruce de La Almona y el edificio de Emasesa, con lo cual ofrecíamos una alternativa completamente distinta, ya que la idea de Toscano era ensanchar la calle para que pudieran entrar más coches en la Plaza de la Constitución, radicalmente contraria a las políticas de peatonalización de centros urbanos que se promueven en cualquier parte de nuestro país.

La demolición de las casas colindantes a la torre, llevada a cabo con nocturnidad y en plenas vacaciones mediáticas no convierte en irreversible la propuesta de Izquierda Unida, pero sí atenta contra valores de respeto a nuestra historia que, por desgracia, sí serán irreversibles. Esperemos que, por suerte para la memoria de esta ciudad, las elecciones del año próximo hagan posible que este sea el último estropicio del gobierno de Toscano.