Manifiesto 8 de marzo 2016

Cartel 8M

España se encuentra en una situación en la que lo más destaca es el fomento de liderazgos individuales masculinos, basados en estereotipos androcéntricos, alejados de la realidad social y a años luz de las reivindicaciones feministas aún pendientes.

Lo prioritario de las agendas políticas son los titulares más resonantes y los “postureos” más sobresalientes. Y mientas, las mujeres seguirmos perdiendo igualdad y derechos, y las brechas de la desigualdad se van agrandando.

Ni la social democracia, ni por supuesto la derecha, han satisfecho nunca las reivindicaciones de igualdad real entre mujeres y hombres, por eso las mujeres sólo podemos confiar en nosotras mismas y en las fuerzas políticas realmente transformadoras.

Las mujeres no queremos propuestas que, a modo de paliativos, callen las malas conciencias y generen apariencias de cambio, cuando en la práctica no resuelven los grandes retos feministas planteados.

Nuestros objetivos se consiguen de una única manera: impregnando la política de un profundo contenido feminista.

Es necesario, hoy más que nunca, revolucionar la política desde lo más profundo hasta en sus formas. Todas las reivindicaciones democráticas e igualitarias que aún están por conseguir, requieren que el feminismo esté situado como pilar fundamental de decisión. No nos fiamos de las buenas intenciones, ya llevamos demasiado tiempo esperando.

Están pendiente aún nuestro derecho al trabajo digno con salarios iguales, el derecho a decidir libremente sobre nuestra maternidad y nuestras vidas; las políticas efectivas contra la violencia machista; el respeto de las opciones e identidades sexuales; la apuesta efectiva por la abolición de la prostitución; la implantación real de una educación igualitaria en todos los niveles; …

Necesitamos una cultura, una sociedad, en la que las mujeres seamos visibles, sujetos de pleno derecho -y no objetos hipersexualizados o mercantilizados-. Necesitamos conseguir un género humano sin discriminaciones por razón de sexo.

Por eso falta que haya instituciones que defiendan nuestros derechos, que haya presupuestos destinado a erradicar la desigualdad y gobiernos en los que efectivamente nos sintamos representadas.

¡SIN IGUALDAD NO HAY DEMOCRACIA!